¿Son las redes sociales la nueva forma de difusión cultural?

¿Son las redes sociales la nueva forma de difusión cultural?

Todo empieza con la construcción de la obra, para cuya custodia no se necesita el cumplimiento de ninguna formalidad ni importa el mérito o destino de ella. Lo que cuenta es que se exprese materialmente la iniciativa y que ésta tenga atributos de singularidad.

Después sigue su difusión. Comunmente se ha requerido de enormes circuitos comerciales para que una obra llegue a un público cuantitativamente importante. En la situacion de la música, entre otras cosas, este circuito comprende productores, estudios de grabación, diseñadores, editores, tiendas de venta al público, etc.

Desde el nodo inicial de la construcción hasta llegar al nodo final de ingreso al público, el valor frecuenta crecer exponencialmente. La consecuencia de esto es la demonización de parte de los individuos del contenido pago y la consecuente suplencia por una cultura del “todo gratis”.

No obstante, ¿realmente la cuestión ha de ser planteada en términos del “todo gratis” o más bien cómo llevar a cabo menos costosos y accesibles los contenidos culturales?

Pienso que la cosa va por lo segundo.

Estoy convencido de que las novedosas generaciones de clientes o prosumidores comprenden la causa por la que hay que realizar los pagos los contenidos creativos, que es la misma por la que abonan una aplicación en Apple Store, entre otras cosas. Lo que no comprenden es por qué en ocasiones los costos de esos exceden de los parámetros racionales. Se habla entonces de una cuestión de costos, no de denegar el derecho a cobrar por los contenidos.

Menos nodos, menor precio

Las comunidades han contribuido a achicar los nodos en la organización recurrente de contenidos y a impulsar su visibilidad. Hoy por medio de Internet cada constructor, artista, músico, escritor, pintor, fotógrafo puede poner a disposición de su red social, con más grande simplicidad, los contenidos que crea, produce, interpreta o ejecuta. Y por esa razón tienen la posibilidad de ofrecerlos ellos a menor precio, en tanto no hay superiores actores en la cadena de comercialización. Inclusive tienen la posibilidad de elegir si los proponen de forma gratuita, o no.

Ello no significa que deba prescindirse de forma absoluta de los canales habituales, sino más bien hacer novedosas elecciones que propicien el ingreso a los contenidos en una relación ganar-ganar entre individuos, desarolladores, artistas, editores y productores.

El poder de un click

En ese sentido las comunidades se han vuelto una opción agregada que ha entrado a divertirse duro en la actividad de dar a conocer contenidos. Y eso es de esta forma porque habiéndose desarrollado una red social de seguidores que paralelamente son seguidores de otros y otros, se crean ecosistemas capaces de visibilizar y fomentar por sí mismos los contenidos.

En las comunidades -dice Duncan J. Watts- la unidad elemental es la diada, una relación entre dos personas. Pero el próximo escenario de exámen más simple, y la base de toda composición de grupo, es la triada que aparece siempre que un sujeto tiene dos amigos que paralelamente son amigos entre sí, y de esta forma hasta el infinito.

Esa es la clave. El poder del ecosistema popular que difunde y abarata.

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