¿Es posible difamar con un tweet?

¿Es posible difamar con un tweet?

En los últimos días, ocurrió en el Reino Unido un hecho interesante, pero jurídicamente relevante: Lord Alistair McAlpine, un político conservador inglés ha denunciado penalmente por difamación a diez mil tuiteros.

Las imputaciones en un informe de la BBC, a la postre falsas, han acarreado la renuncia de su director general y la interposición de parte de McAlpine de múltiples denuncias contra los tuiteros que se hicieron eco del informe.

Esta situación ha cobrado enorme notoriedad porque pone de nuevo en controversia los temas referidos a la independencia de la red, el derecho a la libre expresión de las ideas y desde luego la salvaguarda del honor y la valoración de la gente.

Más allá de las consideraciones respecto de los derechos que poseemos los internautas como parte de un ecosistema en los popular media, la situacion nos deja algunas enseñanzas:

¿Cómo se configura la difamación en Twitter?

La difamación se configura por medio de la imputación que se hace a un individuo de un hecho ilícito, cualidad o conducta particulares, con la capacidad de exponerlo al desprecio u odio público, u ofensivo a su honor o valoración.

Téngase presente que esta actuación puede llevarse a cabo de dos formas: tuiteando de manera directa un señalamiento concreto contra un tercero, convencidos de que lo que mencionamos de él se corresponde con la realidad, o bien haciéndonos eco en la red por medio de retuits de las declaraciones que hagan terceras personas, por lo general en nuestro timeline, asumiendo sutilmente que lo que ellos dicen de los otros es verdad, independientemente de que tales aclaraciones o declaraciones nos consten o no.

Basta para provocar el inconveniente que la persona contra quien se hacen los señalamientos goce de valoración, lo cual es muy subjetivo, ya que todos de alguna forma la poseemos. Objetivamente, la valoración es el aprecio o valoración que hacen los otros de nuestra personalidad. Si el señalamiento perjudica esa valoración, se va a existir configurado el primer elemento del agravio: inconveniente al honor o valoración.

Si no tienes la prueba, no lo afirmes.

El segundo y tercer elemento son la manera en que se hacen los señalamientos, y la difusión. Los códigos penales acostumbran entablar que los señalamientos han de hacerse frente numerosas personas, independientemente que estén reunidas o separadas. En la situacion de Twitter eso es viable, ya que a pesar de que los individuos no nos encontramos todos presentes en un mismo lugar, sí nos encontramos en comunicación recurrente por medio de la tipología de la utilidad, bien de forma directa interactuando con nuestros seguidores o seguidos, bien de forma indirecta por medio de retuits o menciones.

La clave es no olvidar que Twitter es un canal de comunicación, y lo que por ahí circula es compromiso principal de quien lo hace circular, directa o de forma indirecta. De forma que si no se tiene la prueba fehaciente de lo que se quiere asegurar en oposición a los otros, el silencio es un aliado servible. No llevarlo a cabo es exponerse a que tengamos la posibilidad ser comprometidos en acciones de resarcimiento por hacer por medio de Twitter imputaciones difamantes.

La independencia de la red no significa impunidad

Al final, hay que tomar en cuenta que una cosa es Internet como utilidad y otra los contenidos que por ella circulan. Como lo hemos dicho en otras oportunidades, la red es libre, y por esa razón es el medio idóneo para la circulación de los contenidos de todo género. En cambio, los contenidos son otra cosa. En varias oportunidades, como en la situacion McAlpine, las declaraciones o algún otro contenido están asociados a su divulgador primario, y a toda la cadena sucesiva que lo comparta. Tal es así que si con ellos incurrimos en ilícitos, vamos a ser causantes por llevarlos a cabo, sin que tengamos la posibilidad alegar a nuestro favor la independencia de la red, que es otra cosa diferente.

En síntesis, sí, acertadamente tenemos la posibilidad de incurrir en difamación por medio de un tuit. Basta para eso que se atente contra el honor o valoración de un tercero por medio de un señalamiento falso, que se comunique la imputación a numerosas personas reunidas o no, y que se divulgue.

No está demás, ya que, ser sensato en Twitter. Como decía Emerson: “Aquello que se expresa en expresiones no por eso queda confirmado”.

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