Archivo de septiembre de 2010
Hace ya más de 14 años desde el febrero aquel de 1996, cuando Barlow escribió el documento que se transmitió por todo el mundo bajo el título: “Declaración de la Independencia del Ciberespacio“. Más que un acto de rebeldía, fué el reflejo de cientos de miles de personas que les hubiera encantado decir lo mismo de contar con una pequeñísima parte de su desparpajo.
El cuento resumido es más o menos así en la dicha declaración: señores de los gobiernos del mundo, señores oficiales del status quo, nosotros los usuarios del ciberespacio estamos construyendo un espacio, un mundo nuevo, donde ustedes no tienen cabida con sus leyes habituales. El Ciberespacio está formado por transacciones, relaciones, y pensamientos en sí mismo, que se extiende como una quieta ola en la telaraña de nuestras comunicaciones. Nuestro mundo está a la vez en todas partes y en ninguna, pero no está donde viven los cuerpos. Nos extenderemos a través del planeta para que nadie pueda encarcelar nuestros pensamientos. Así que ni lo intenten!
Ahí está!. Ni que lo hubiéramos ensayado tanto como el numerito cultural aquel de fin de curso de la burriquita, himno nacional incluído.
Catorce años después esas frases siguen vigentes y a más de uno de nosotros le ha provocado morirse aunque fuere por un rato para no tener que seguir escuchando en pleno siglo XXI palabras como censura, control de la red, gobierno digital, bloqueo web, propaganda digital, etc.
Chile aprobó recientemente una ley de neutralidad de la red, España busca firmas para hacer otro tanto. Los internautas quieren libertad. ¿Acaso el ser humano no tendrá nunca sosiego para poder disfrutar sin sobresalto de su derecho natural a ser libre?
En esto pensaba en la cama cuando me asaltó una idea insólita, alimentada con muchos titulares de la prensa online, leídos por ahí en estos últimos días.
Qué pasaría si un día, sin que nosotros le otorguemos democraticamente ese derecho, un ser humano de este planeta, con suficiente poder, se abroga tiránicamente todas las facultades universales que tenemos y declara una mañana, con cara de orangután:
- Esto es un golpe de Estado a la red.
- A la red. ¿Cál red? -me pregunto sobresaltado, con cara de bolsa.
- A Internet, carajo! -contesta el tirano, en pefecta sincronía, como si me hubiera escuchado.
-Desde este momento -continúa diciendo- todo el mundo en linea, derechitos, y ¡ay! de aquél que se me descarrile…
-Tomen nota. Rápido carajo! -grita el tirano, y acto seguido dicta sus primeras 7 leyes.
1. Desde este momento Internet es mi hacienda. Todo acá me pertenece: los contenidos, los ISP, los dominios, las URL, el material de los sitios web, los blogs personales y empresariales, los protocolos de seguridad, las contraseñas, el hadware, el software, el control sobre los nodos, todo todito todo.
2. No más nuevas redes sociales. Busquen en cielo y tierra a esos tales Zuckerberg y Dorsey y me los meten presos por andar inventando esas vainas y que para socializar la red…no chico, la gente se embrutece pegada todo el día a la pantalla de una PC o un móvil, viéndole el trasero a un bendito pajarito azul.
3. Solo 500 seguidores. Durante la transición al desenchufe total, permitiré sólo quinientos seguidores por usuario en twitter y quientos amigos en Facebook. Así que escojánlos, y apúrense porque desde mañana sólo tendrán en su cuenta esa cantidad de partners preferidos y al resto o los borran ustedes mismos o se los borro yo de un plumazo. Me gustaría verlos por un huequito sufriendo al tener que escoger entre tantos seguidores cuál mandarán al mismísimo infierno con un solo clicketazo. ¡Qué vaina tan buena!, jijijijijijijijiji.
4. Seamos machos, carajo. En esta transición, declaro desterrado de la red el uso de palabras como libertad, amor, alegría, derechos, solidaridad, igualdad, democracia. ¡Qué vaina es esa!. Tantas palabras edulcorantes me enervan la diabetes, así que acostúmbrense a escribir sin ellas, usen otras palabras más adecuadas a este nuevo tiempo y sean machos carajo, que parecen todos unas jevas.
5. Cero derechos humanos. Si alguno se me descarrilla y no me deja más remedio que convencerlo amistosamente a punta de palos, no pretenda invocar la Declaración Universal de Derechos Humanos porque a mí nada que ver. Pero bueno, ustedes son idiotas, cómo van a andar por ahí invocando leyes del mundo offline en el mundo de la red. No señor. Aquí todo es online, virtual, onnipresente, salvo los peinillazos que seguirán siendo tan reales como el recibo de la luz.
6. Saturación por rebelión. Y tomen nota: si a pesar de la reducción de seguidores y amigos, se trama una rebelión en la red, les juro que les saturo el sistema y bloqueo la navegación. En Twitter, por ejemplo, el mensaje del sistema no será “Twitter is over capacity” y la imagen de la ballena siendo rescatada por los pajaritos azules. No señor!. Todos recibirán un mensaje de que se les ha acabado el pan de piquito y una advertencia de que si reinciden los devuelvo de un plumazo y para siempre al mundo 1.0, por el resto de sus días.
7. Yo, el supremo. Finalmente, es de obligatorio cumplimiento seguirme todos; sólo yo dispondré desde hoy de una cuenta online con perfil ilimitado para ser seguido por todos toditos todos, y recibir por esa vía salutaciones y plácemes con ocasión del aniversario de mi bautizo, primera comunión, confirmación, cumpleaños, matrimonio, con ocasión de frases ingeniosas, nacimiento de un hijo, y en fín cualquiera circunstancia que a juicio mío, y no de ustedes, requiera ser realzada para beneficio de este pueblo de internautas.
- Riiiiiiiiing!
Me levanto sobresaltado y agarro el teléfono, sudando y casi sin aliento.
- Rafael? -escucho en la linea.
-Sí
- Qué haces, es Mario. Te estoy esperando afuera para ir a la librería.
- Coño chamo, gracias !!!!!!
- Por qué? ….tú como que estás fumao?
-Por despertarme de esta pesadilla!
Cuelgo el teléfono y voy a vestirme a la carrera, feliz.
Un avatar es una representación gráfica que nos identifica, que nos muestra a los demás, que asoma sin pudor un trozo de nosotros.
En las #redessociales solemos usar una fotografía, a menudo la mejor que tengamos por ahí porque eso de salir feísimo y quedarse rayado para siempre sin remedio, está out, es cosa del pasado. Ahora posamos y salimos lindos, de manera que si la realidad se ensaña sin piedad con nosotros al punto de que las cámaras digitales de última generación no puedan hacer nada por el desastre que somos, gritamos: ¿ahora, quién podrá defendernos?, y enseguida se escuchará un ¡yoooo! rotundo del fotoshop, como el grito hilarante aquél del Chapulín Colorado.
En fín, estamos todos hoy destinados a la hermosura, a ser candidatos eternos a un concurso de adultos Gerber.
Esa es la razón por la que la gente en las redes sociales, especialmente en twitter y facebook, mostramos lo mejor de nosotros y ni por nada del mundo ponemos en evidencia cualquier detalle personal que pueda alejarnos de esa imagen que queremos mostrar. Parece que todos gritáramos a coro ¡por nuestro avatar nos conocereis!
En todo esto pienso mientras intento dormir. Justo acabo de llegar de la fiesta que organizamos a varias manos en el club BITS con el propósito de conococernos todos personalmente, compartir, hacernos de carne y hueso, ser más que puros amigos binarios en las redes sociales.
Allí nos encontramos, nos presentamos, nos dimos las manos, nos abrazamos y a ratos casos hubo en que casi nos da una vaina de la impresión. Reinó de entrada la armonía, pero sobre todo la curiosidad por el otro: !qué cara, qué cabellos, cómo habla, qué engreído, qué hermosa, qué feo, qué inteligente, qué bruto…qué sorpresa!
Sorpresa, sí. Allí todo lo fue:
1. Nadie era su avatar. Todos éramos diferentes, con unos años más que la bendita foto, unos centimetros menos, piel un poco más clara o más oscurita. Los cabellos parecían también largos y descuidados en algunos casos y ni que decir de lo abultadito de las panzas de algunos de nosotros y los rollitos visibles en la cintura de las damas. Hombres y mujeres cortos de ideas y largos de lengua abundaron por doquier. Tampoco era como para morirse, pues -aunque minoría- pudo verse también de vez en cuando personajes inteligentísimos, cultos y en cuanto a belleza la realidad mejoraba al avatar: algunas mujeres u hombres parecían actores desfilando por la alfombra roja bajo los reflectores filosos de la envidia.
2. Pocos eran tan simpáticos como sus tweets. Todos corrimos a las primeras en busca de nuestros seguidores y seguidos favoritos como quien persigue a la carrera en un concierto de U2 un autógrafo de Bono. La cosa fue así como esas habituales rondas de negocios pero en este caso de #twitterfans o #facebookfans cuyo único interés era disfrutar en vivo las genialidades de los amigos online. Error. Pocos estaban suficientemente relajados como para repetir face to face lo mejor de su talento twittero o definitivamente éramos todos una cuerda de impostores online.
Así estaría la cosa que lo único genial que pudimos disfrutar todos fue cuando se anunció por el sonido interno que al cierre del evento habría una rifa y al ganador se le garantizaría como premio único un valioso followback del más encumbrado de los gurú latinos de twitter.
3. Algunos pesados y engreídos no lo eran tanto. Fue divertido conocer personalmente a gente que uno sigue de vaina por el solo hecho de que aportan muchísimo en la Red, pero que son más pesados que un collar de bolas criollas. Sorpresa!. O es que en las redes sociales asumen ellos una falsa pose de duros, o justo antes de venirse a la fiesta de los avatares se tomaron medio litro del elizir de la simpatía. Repartieron besos a medio mundo, hablaron como locos, sonrieron, se tomaron fotos de grupo y mostraron tan amables que les juro por su madre que provocaba quererlos.
4. ¿Y los expertos? Era la pregunta que todo el mundo repetía en el salón, algunos hasta indiscretamente. Se juntaron muy ellos, se fueron a un rincón especial y allí hubo hasta anillos de seguridad que robotaban sin contemplación a los pobres twitteros noveles, hombres y mujeres, que se acercaron embelezados como la niña aquella de la Fan Enamorada, la canción de Servando y Florentino. Ese día quedó demostrado una vez más que el conocimiento no compartido es pura vanidad.
5. Muchos eran ya parejas online o venían por lo suyo. Fue sin duda el momento cumbre de la noche. Por el interno se había anunciado desde el principio que esa noche conoceríamos el noviazgo online de varias parejas de facebook, presenciariamos compromisos matrimoniales entre twitteros, besos públicos sorpresa, anuncios de 10 matrimonios nextday en Punta Cana, entre ellos el de un político de renombre con un empresario de casinos, y hasta una boda civil habría entre una twittera de San Martin de los Andes con un twittero de Salamanca.
-Cómo dormir- me pregunté de nuevo, dando vueltas en la cama.
Todo, absolutamente todo, se había venido abajo, terminado intempestivamente. Por el interno, con voz de tragedia y en el momento culminante de la fiesta, se había dejado oir esta vez que todos los anuncios previos se dejaban sin efecto, incluyendo los compromisos matrimoniales y bodas, entre ellos el del político de renombre, quien resultó ser el dueño del local. Él mismito se encargó de echarnos a todos a punta gritos de despecho.
La causa de esta tragedia: los amigos online se habían desilucionado al verse, se habían tocado, se habían olido…nada parecía lo que era, todo era distinto, diferente, real. La ilusión online había terminado.
En medio de ese pandemonium, sólo un par de viejitos twitteros que se acaban de conocer en el evento, salieron de allí muy alegres en medio de los gritos, tomados de las manos y prometiéndose ser felices para el resto de sus vidas, que viéndolo bien tampoco era mucho.
Quizás mañana cuando despierte -me dije- esto no habrá sido más que un mal sueño y mis ilusiones online permanezcan intactas.
Acto seguido apagué la luz.
Muchas personas con cuentas en twitter, facebook o cualquiera otra red social hemos empezado a pensar seriamente en el destino de éstas, una vez que nos larguemos sin retorno y sin followers directo al otro mundo. Las inquietudes son muy simples: ¿la muerte física implica necesariamente nuestra muerte online?, ¿puede una persona -en un acto de última voluntad- encargar a un tercero la administración de sus cuentas y seguir tan campante en la red como si nada hubiera ocurrido?.
No es un asunto menor.
Hay por lo menos dos posibilidades de acción en estos casos: i) nos morimos como se muere todo el mundo y damos por asumido que cualquier vestigio de vida nuestra ha de desaparecer inmediatamente de la faz de la tierra, incluyendo -por supuesto- nuestros perfiles online, y ii) no nos damos por vencidos y más bien trazamos unas directrices para que un mandatario vivito y coleando asuma el rol de mantener las cuentas, con expresas indicaciones de no salirse ni una pizca de nuestras propias reglas de conducta…un clon online, pues.
Si éste último fuera el caso, podría tener la decisión algunas repercusiones éticas, morales, y hasta jurídicas si no se aclara de antemano que la cuenta ya no está siendo atendida por el muerto, sino por un vivo de carne y hueso. Si maliciosamente se mantiene en secreto la muerte del titular de la cuenta con el propósito de hacer ver que es él quien sigue twitteando, no dudamos que en vez de uno, serán dos los difuntos. El bendito clon terminará tarde o temprano descubierto y apaleado sin piedad por la legión de seguidores burlados, quienes no soportarán haber estado interactuando con un desconocido, creyendo que lo hacían con aquel a quien seguían y que yace ya dos metros bajo tierra.
En todo esto cavilaba el twittero, y dijo:
-!No, ni de broma!. En mi condición de abogado elaboro ya mismo el testamento.
Inmediatamente puso manos a la obra. Fue al estudio y sin demora redactó lo que fue dado en llamarse: Las Top 5 cláusulas del testamento del twittero, que fueron suyas pero que bien pueden servir sin duda a cualquier twittero que tenga en sus planes morirse algún día. !Uno núnca sabe!
Helas aquí.
Quién suscribe, JRF, mayor de edad, en mi condición de twittero, mentalmente hábil hasta donde sé, declaro que es mi voluntad respecto a las cuentas en twitter y facebook que a mi muerte éstas se mantengan activas, para lo cual el nuevo administrador ha de seguir estrictamente las 5 disposiciones que se indican a continuación:
1. De las cuentas. Entiéndase por tales mis cuentas en las redes sociales: facebook y twitter. Jamás las cuenta del banco, ¡mosca pues!. La regla aquí es muy simple y la he aprendido en más de un tweet leído por ahí: en facebook se admiten a los amigos y en twitter se siguen a los que esperamos lo sean. Mis principios son muy simples: no escribir de política partidista, ser útil a los demás, no responder ofensas de nadie y alentar a los amigos. La contraseña es la misma para ambas cuentas: xxxxxxxxxxxxx y es mi voluntad que las administre el librero del pueblo. Que por qué él. Bueno, es un gesto de gratitud por la cantidad de libros que me dejó llevar solidariamente y sin retorno de la biblioteca pública, haciéndose el menso.
2. Del contenido de los tweet. Con sólo seguir los principios de la cláusula uno, todo irá bien. Por el amor de Dios, jamás ha de postearse acerca del festival del sombrero de la reina Isabel, el divorcio de Tiger Wood, o el noveno matrimonio de Elizabeth Taylor. Déjese a esa pobre gente en paz que ya tienen bastante. La tecnología, la PI y la literatura son mis temas preferidos, hablar de ellos con frecuencia mantendrá el perfil. Pero, ¡cuidado!, no todo lo que se publica es literatura, aunque se haya vendido alguna vez en la librería Marks & Co, de la 84, Charing Cross Road.
3. De mis seguidores. A ellos hay que mimarlos, atenderlos, saludarlos, responderles diariamente, hacerles RTs y darles #FF. No se ha de spammear, generar discusiones estériles, ni mostrar un perfil irreverente al twittear que haga que ellos salgan corriendo y le den a la cuenta unfollow varios, sin piedad. Sea humilde. No olvide ni un minuto la sentencia de Umberto Eco: “Nada detendrá la vanidad”.
4. A quién seguir. Siga a quien le sigue, pero jamás a vendedores que le ofrezcan ganarse 5 mil dólares por tweets o un viaje por Champs Elyseés en la carroza de Cenicienta, a las doce de la noche. De esta gente aléjese y busque más bien personas afines a sus intereses….no sea farandulero que Ricky Martín dijo ya lo que en su pleno derecho tenía que decir y Angelina no es anoréxica. No se enferme por la falta de atención de los gurús de twitter, y si después de treinta años de estar siguiéndolos, recibe por fin de ellos un DM, una mención o un follow, por lo que más quiera, no empiece a pegar gritos como loc@, tómese más bien una taza tibia de té siberiano y cuente hasta cien antes de que le empiece a dar una vaina.
5. Mañas de twittero. Finalmente, no debe olvidar por nada del mundo: twittee preferiblemente en horas de la mañana y en la noche, pocas veces desde el trabajo y nunca cuando esté en su luna de miel. Las horas de la mañana y de la noche tienen mayor tráfico de tweets, las horas laborales -salvo que le paguen por twittear-son de la empresa, y en la Luna de miel en vez de twittear se suele hacer otra cosa aún más divertida, a menos que ese matrimonio no sea realmente una miel.
Un año después. En el cielo.
-San Pedro!
-Si hijo mío
-Necesito volver a la tierra aunque sea por un instante.
-Para qué, hijo?
- Para mandar a las pailas del infierno al librero malnacido que administra ahora mis cuentas en #redessociales, por haber cometido el delito infame de damnatio memoriae.
-Y eso qué es?
-Me borró del mapa y me echó postmorten al olvido.
-Cómo?
- Cambió mi avatar y colocó en su lugar una foto de pink floyd en un concierto en Londres de Rockparadise, se dio a la tarea nefasta de spammear a medio mundo con invitaciones fantasmas a un festival de franelas mojadas y perversidades varias, dejó de saludar a los amigos y nunca más dio un #FF a nadie. Colocó también un tremendo y vistoso “Like” en la página de playboy, subió videos y viejas fotos al desnudo de Pamela Anderson y ofreció sin pudor a señoras desesperadas, casarlas en matrimonios múltiples en la isla de la Española. En nueve meses el único tweet que posteó el susodicho malnacido sobre ”literatura” fue una referencia al libro “cómo destruir la reputación de un twittero y no morir en el intento”
-Hijo mío, sin embargo he recibido acá en el Cielo noticias de gentes de tu pueblo quienes dan cuenta de que los motivos innobles del librero fueron por venganza.
-Cómo así?
-Sí, hijo mío. Él habría jurado por la madre que lo parió tomar venganza de ti tarde o temprano. Tú, pobre twittero distraído, hace diez años atrás te llevaste de la librería sin darte cuenta, entre un montón de libros usados, su ejemplar autografiado del KAMASUTRA.
Plop!

